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lunes, 9 de mayo de 2016

Nunca 'hemos' dejado de ser Uno


"Nunca dejo de recordar ese pasaje en el que un maestro moribundo se dirige a su discípulo para decirle: "Nos echaremos de menos tú y yo, pero no dejemos que sea demasiado, porque en realidad ningún encuentro ni ninguna separación han tenido lugar, ya que nunca hemos dejado de ser Uno"."


(Ramiro Calle)

miércoles, 9 de marzo de 2016

Amigos espirituales





No necesitamos engolados y prepotentes gurús de masas; no necesitamos hipócritas mistagogos; no necesitamos arrogantes y narcisistas maestros de estrechos puntos de vista y que quieren detentar el monopolio de la verdad. Necesitamos amigos espirituales que nos inspiren y a los que inspirar, que nos alienten y a los que alentar, que caminen con nosotros, de ser a ser, por la larga y sinuosa senda hacia lo Incondicionado. De otra forma, como diría Buda, más vale caminar en solitario como el elefante. Los amigos espirituales nos hacen la Búsqueda más liviana. Con ellos compartimos nuestras vacilaciones y temores, con ellos nos confortamos y de ellos no dejamos de aprender. Si todo amigo es un tesoro, un amigo espiritual es un tesoro doble.

He tenido la fortuna a lo largo de mi vida de poder contar con muchos amigos espirituales, que han sido la gran enseñanza y el consuelo de mi vida, desde mi primera amiga espiritual, mi madre, y mi primer amigo espiritual, mi hermano Miguel Ángel, a otros muchos que me han ayudado a suturar las grietas del alma. Entre ellos siempre me está presente en mi alma Babaji Shivananda de Benarés, que aparece en una foto de hace muchos años. Sus palabras están inscritas en mis células.

- Hay que saber mirar y mantener la calma ante todo. Ecuanimidad, siempre ecuanimidad, Ramiro. Todos somos como los dedos de una gran mano cósmica y tenemos que aprender a conectar con ella, pues en realidad nunca estamos desconectados de la misma. En este sentido es muy útil la meditación. El corazón de todas las criaturas es el mismo, pero desde niños nos han superpuesto códigos, esquemas, y se ha ido formando el ego, que se interpone entre uno y su ser real.

- ¡Cuán vacíos están los seres humanos!- le comenté.

Y dijo:

- Hay mucha insatisfacción. No se puede superar solo con los bienes materiales. Hay que adiestrarse en la ecuanimidad y el equilibrio. Hay que verlo todo como si fuera una película. Hay que mirar sosegadamente, sin dejarse confundir por la maya, lo ilusorio. Bailamos siempre de acuerdo a la voluntad del Absoluto, pero no lo comprendemos. ¿Qué sentido tiene esta vida si no hay paz?.

Nos sentábamos frente al río más sagrado y poluto del mundo: el Ganges. Nos comunicábamos con palabras y largos silencios. A veces se quedaba meditativo y su paz interior contagiaba mi alma de reveladora quietud. Musitaba para decir:

- La meditación es el mejor sendero de vida para todos. Es el camino más directo hacia el Ser. Tenemos que servir a los otros y ganar la paz interior.

Éramos grandes amigos espirituales. ¡Qué afortunado fuí al contar con su amistad!

Un amigo espiritual es un apoyo maravilloso en la aventura del espíritu. Su fuerza es nuestra fuerza; su motivación es nuestra motivación; su presencia, incluso más allá del cuerpo, entibia el alma gélida de la soledad e invita a seguir en la búsqueda del Sentido.

Nunca he necesitado gurús, ni guías salvadores, ni maestros que me engatusen con analgésicos espirituales. Pero siempre he necesitado y necesito amigos espirituales, para caminar con ellos codo con codo y esperanza con esperanza.



(Ramiro Calle, Centro Shadak, www.ramirocalle.com)
(Fuente texto e imagen: espaciohumano.com)

domingo, 14 de febrero de 2016

El viaje hacia los adentros





EL VIAJE HACIA LOS ADENTROS

Nos han engañado. Nos vienen engañando desde hace mucho tiempo. Hemos caído en la trampa. Nos han hecho tomar la bisutería por joyería, el cristal por diamante, el nácar por plata. Nos han hecho creer desde hace milenios que la dicha viene de afuera, que sin lo externo no somos nada, que la diversión y el entretenimiento son la felicidad, que los excesos son lo que satisface y contenta, que el tener resulta lo esencial y no el ser. Nos han adoctrinado para depender de todo lo exterior, nos han inculcado necesidades y deseos que no son nuestros, nos han precipitado al ruido, el estrés, la acción desmesurada y el distanciamiento cada día mayor de nosotros mismos, viviendo de espaldas a nuestra auténtica identidad. Hemos entrado en el laberinto de lo engañoso, lo ilusorio, lo banal y superficial, lo que ofrecen como néctar y es veneno. Al final hemos sido capturados en la espiral de la alienación. Queremos conocerlo todo, pero no tenemos ningún interés en conocer al conocedor. Miramos las estrellas, si es que las miramos, pero no nos miramos a nosotros mismos en lo profundo. Somos los grandes desconocidos para nosotros mismos. Tan externalizados estamos que hemos dejado de ser y nos hemos vuelto mediocres imitadores, un reflejo anodino de las influencias del exterior, en la red de viejos patrones y pautas que nos roban el discernimiento. Pero si algo urge para recuperar nuestra salud psíquica y establecernos en nuestra propia y real naturaleza, es el viaje hacia los adentros; aprender a escudriñar en uno mismo y desconfiar de las falsas promesas e inciertas expectativas de esta sociedad conspirando contra el individuo y regida por poderes putrescibles y gobernantes de mente ofuscada y corazón de madera. Solo en el viaje hacia los adentros es posible hallar la paz interior que le da un sentido a la vida, que por un lado esclarece la mente y, por otro, hace compasivo el corazón. Para hacer posible esta singladura por el océano interno se nos han facilitado las herramientas necesarias. A través de la meditación, la contemplación u otras técnicas de introspección, desconectamos del mundo exterior durante unos minutos, para ir hacia los adentros. No se trata de ser un necio subiendo y bajando por la misma orilla una y otra vez, sino de cruzar de la orilla de la servidumbre a la libertad. Nada es comparable a la paz interior, pero tan hipnotizados estamos yendo a ninguna parte, que perdemos de vista el objetivo fundamental, que es convertirnos en nosotros mismos.



(Ramiro A. Calle)
(Fuente: Ramiro A. Calle FB)

domingo, 27 de septiembre de 2015

Al otro lado de la mente





Hay una mente ordinaria; hay una mente extraordinaria. Hay una mente semiconsciente y agitada; hay una mente consciente y serena. Hay una mente que se rige por el pensamiento, lo conceptual y lineal; hay una mente que se rige por la instantaneidad, la intuición, la quietud, la paradoja y el revelador silencio.

Una es la mente común, que los yoguis denominan mani o manas; la otra es la mente quieta, que los yoguis denominan unmani o no-mente. Como la perla se esconde en la ostra o la nata en la leche, la mente quieta se oculta tras la mente común. Una se inspira en el pensamiento (la mayoría de la veces descontrolado y automático); otra se inspira en la atención pura y la percepción desnuda.

Ambas son necesarias, pero el problema es que vivimos de espaldas a la mente quieta y raramente sentimos su renovador poder. La mente ordinaria es conceptual, pero la no-mente es supraconceptual. La mente ordinaria es tiempo y espacio, pero la no-mente surge y se desvanece a cada momento, vive la inmediatez, conecta con lo que es. En la mente ordinaria hay apego y aversión, pero en lo no-mente hay beatitud, bienaventuranza, paz.

No podemos prescindir de la mente ordinaria, o sea, de las funciones del pensamiento. Pero hay que aprender a encauzar este tipo de mente, utilizando el discernimiento, el razonamiento correcto y la reflexión consciente y voluntaria que dilucida.

Si el pensamiento no se controla o se estabiliza, es un fiasco, un falsario que no merece ninguna fiabilidad y además se vuelve una fábrica de sufrimiento. Pero aún el pensamiento bien dirigido y saneado, puesto al servicio de lo positivo, es insuficiente en cuanto a avanzar espiritualmente y resolver grandes interrogantes existenciales. Es útil para lo que es, pero su alcance no es transformativo. Por eso es necesario trabajar en la mente, para estabilizarla y armonizarla, y tratar de conectar con la no-mente para obtener de ella todos sus frutos espirituales y su visión penetrativa y transformadora.

La meditación es un viaje a la no-mente. Nos permite conectar con la mente quieta y profunda. Nos enseña a pensar y dejar de pensar. Hay momentos para la mente y momentos para la no-mente. Cuando haya que pensar, piensa; cuando haya que vivir, vive. Se nos ha dicho en nuestra cultura: "Pienso, luego existo"; pero no se nos ha informado de que cuando no pienso, existo más. La no-mente es la mente sagrada, el templo interior, la Mansión del Vacío (como resalto en mi obra El Faquir), donde encontramos paz, consuelo y amor.

Las técnicas del genuino yoga son herramientas para abrir un pasadizo a la no-mente, para mostrarnos un ojo de buey hacia el Infinito. El pensamiento es muy hábil, pero puede ponerse al servicio de lo más perverso. Está tintado por la ofuscación, la codicia y el odio. Hay que darle la vuelta y tornarlo lúcido, compasivo y generoso. Cuando entramos en la Mansión del Silencio, en nuestro templo interior, nos damos un baño de nuestro ser. Hay paz, hay sublimidad, hay un confortador sentimiento de unidad.



(Ramiro Calle, Centro de Yoga Shadak, ramirocalle.com)
(Fuente: espaciohumano.com)

domingo, 24 de mayo de 2015

'Enciende tu' propia lámpara

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Las técnicas orientales de autorrealización y, por supuesto el yoga, se proponen como métodos para liberarnos del sufrimiento innecesario. Para liberarse del mismo hay que tratar de comprenderlo en profundidad. Buda declaraba: "El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional".

Hay tres tipos de sufrimiento: el universal e inevitable, como la enfermedad, la vejez y la muerte; el sufrimiento que surge de una mente ofuscada e ingobernable, neurótica e insana, donde preponderan la avaricia y el aborrecimiento; y el sufrimiento que la mente origina a otras criaturas. Estas dos últimas clases de sufrimiento son evitables y ello se consigue cuando la mente adquiere un conocimiento correcto, lo que deviene mediante la práctica de la meditación y el trabajo interior, asumiendo las tres disciplinas o ejercitamientos: el ético, el mental y el de desarrollo de la sabiduría. Cuando la mente está clara, se procede con destreza. De la lucidez nace la compasión.

Sufrir por sufrir es absurdo y no tiene el menor sentido. Pero el sufrimiento consciente, cuando es inevitable, tiene su propia enseñanza y energía. Era el sabio Samntideva quien decía: "Si tiene remedio, lo remedias y no te preocupes; si no tiene remedio, lo aceptas, y no te preocupes. La mente engendra conflicto, mucho. En la vida hay agrado y desagrado, deleite y dolor. Hay que aprender a vivir el disfrute sin apego y el desagrado sin aborrecimiento. Eso es ecuanimidad.

Ante el placer y el dolor, firmeza mental. El culto al sufrimiento es necedad. Otra cosa es el esfuerzo necesario (que a veces es una sutileza del sufrimiento), pero que se metaboliza como poder interior.

¡Cuánto valora un yogui el poder interior! Es la fortaleza anímica que sabe afrontar las dificultades con ánimo estable. Babaji Sibananda (y en unos días la editorial ELA publicará su libro "EL MISTERIO DEL PLANETA", que es una joya) siempre me insistía en lo necesario que es desarrollar ese poder interior, esa fuerza interna que nos permite afrontar la vida con sosiego y aplomo.

El desapego es uno de los antídotos contra el sufrimiento; también la aceptación consciente de lo inevitable, el discernimiento lúcido y la captación de que todo es transitorio. Si uno aprende a beber en la fuente de su sabiduría interior, generará menos sufrimiento para sí mismo y para los demás. Como reza la antigua instrucción mística:

ENCIENDE TU PROPIA LÁMPARA



(Ramiro Calle)
(Fuente: Ramiro A. Calle FB)

domingo, 10 de mayo de 2015

¿Por qué 'buscamos'?

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Hay muchas búsquedas, pero una sola Búsqueda. Se entiende por Búsqueda ese intento continuado por autodesarrollarse, darle un propósito de autoperfeccionamiento a la vida, querer ascender a niveles de consciencia que ofrezcan respuestas a los grandes interrogantes existenciales, idoneizar la relación con uno mismo y con los demás, ampliar la comprensión y actualizar potenciales internos para vivir con más plenitud, entendimiento correcto, lucidez y compasión.

Desde épocas muy remotas ha habido personas que han aspirado a otro tipo más elevado y revelador de percepción, a otra manera de ver y sentir, a un modo eficiente de liberar la mente de las cadenas de la ofuscación, la avaricia, el odio y el miedo; personas que no se han resignado a las ordinarias pautas sociales ni viejos patrones, que se han rebelado contra los límites de su fosilizada psicología y tendencias mentales insanas, que han buscado la manera de desempañar la consciencia y que ésta pueda convertirse en un faro en la larga marcha de la autorrealización; personas que tratan de captar lo que se encuentra detrás de las apariencias y que convierten su vida en una búsqueda en pos de "aquello" que puede proporcionar un sentido a lo que no parece otra cosa que un desatino o un absurdo despropósito. Desde la insatisfacción profunda, uno se pone en marcha incluso sin saber a dónde llegará o de qué fuerzas dispondrá para lograr su objetivo. Como declaraba Jung, es un camino que espanta. Pero uno no elige abocarse a esa Búsqueda, sino que ella le toma a uno. Es un llamado interior al que difícilmente uno puede resistirse. No es un acto de reflexión o voluntad, sino que surge una especie de impulso que te coloca en la senda de la Búsqueda como el sabueso rastrea su presa sin descanso. Por razones muy misteriosas, en unas personas se activa el mecanismo de la Búsqueda y en otras jamás lo hace. Cuándo se puede desencadenar no es posible precisarlo. Personas hay que desde niñas sienten esa poderosa e incontrolable necesidad y no se contentan con lo aparente; otras tienen que esperar muchos años o solo una circunstancia muy grave (un accidente, la muerte de un ser muy querido) dispara ese enigmático mecanismo. Pero el que es tomado por el anhelo de buscar, difícilmente puede ignorarlo; solo queda seguir buscando, aprendiendo, estando en el intento por encontrar respuestas que no derivan de creencias o conceptos, sino de experiencias internas y una manera especial de ver tras una honda y laboriosa transformación. No se trata de sentirse un poco mejor o superar la ansiedad o determinadas carencias psíquicas o emocionales; se trata de querer ver lo que se oculta tras el muro espeso de lo aparente, de penetrar en otra realidad que se oculta como la perla en la ostra, como la nata en la leche. Una insatisfacción muy profunda e imprecisa subyace en aquél que se decide a buscar. Uno trabaja denodadamente por discernir entre lo que uno es o cree ser, entre la autoimagen y la esencia o yo más profundo. Esta es una Búsqueda larga y sin atajos. Mentores o conferenciantes hay que se presentan como iluminados y que de repente y fácilmente se autorrealizaron. Mienten o alucinan. Si mienten es para conseguir afirmar su ego-rascacielos u obtener con poco esfuerzo buenas sumas de dinero; si alucinan es que la mente desde la que tratan de orientar a los demás está enferma. Si uno investiga en lo que ha representado la Búsqueda desde sus primeros tiempos, descubrirá que jamás nadie serio y solvente dijo que fuera fácil; ni los más grandes del espíritu han podido sustraerse al esfuerzo y el sadhana (práctica). Son los neovedánticos y a menudo su jerga edulcorante los que seducen diciendo que ya estás iluminado o que la iluminación está al alcance de la mano. Como muchos aspirantes quieren que se haga el trabajo por ellos o acortar el camino, caen en esos cebos que son anzuelos envenados, y quieren conseguir en unos días, o incluso instantáneamente, lo que un yogui o monje zen demoran treinta años en obtener. Hay, sin duda, maestros-bisuteros y maestros-joyeros.

La Búsqueda no es una elección libre. Ella misma se impone a unas personas y a otras no. Hay personas que enseguida sienten un llamado especial cuando tienen noticias de que hay enseñanzas y métodos para evolucionar, y algo muy poderoso se mueve en ellas,como un impulso sagrado hacia lo Incondicionado. Otras personas son incluso refractarias. El que busca no ceja en su empeño de encontrar instrucciones para poder mutarse psíquicamente y lograr una rendija de luz en la densa niebla de su mente. En su nahelo por despertar su potencial interior o espiritual, como queramos llamarle, dará la bienvenida a todos esos procedimientos que cooperen en su desarrollo interno y le faciliten una mente nueva, libre de heridas, que le ayude a captar lo más esencial y poder sustraerse a la influencia abrumadora de lo accesorio, superficial, engañoso y causa de ofuscación y desequilibrio. Es también una búsqueda para ir más allá del ego y, por tanto, del apego y del odio.

Hoy en día en que el yoga, al haberse puesto de moda, está siendo tan falseado, desdibujado y pervertido por muchos desaprensivos para mercantiliarlo y rentabilizarlo (con lo que comenzaron los mentores hindúes que llevaron el yoga a Estados Unidos), hay que insistir en que este fue el primer método de trabajo interior de la Humanidad y que sus milenarias enseñanzas y métodos fueron adoptados por gran número de disciplinas filosófico-religiosas, desde el budismo theravada al budismo tibetano o el zen, desde el jainismo al gnosticimos o al monacato cristiano ortodoxo, sin olvidar el vedanta o el sufismo.

No es a través de las creencias que pueda eclosionar en la mente la luz de la consciencia ni en el corazón la de la compasión, sino a través del paciente trabajo interior y la experiencia personal, desde la humildad, sin dogmatismos de ningún tipo, confiando en el gran número de técnicas de autodescubrimieto y realización de que nos han brindado las mentes más lucidas de la Humanidad.



(Ramiro Calle)
(Fuente: Ramiro A. Calle)

domingo, 26 de abril de 2015

Joyeros y bisuteros

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Varios aspirantes espirituales acudieron a visitar a un sabio y le dijeron:

- Venerable sabio, ¿nos puedes decir qué diferencia hay entre un falso maestro y uno verdadero?.

El sabio repuso:

La que puede haber entre el bisutero y el joyero. El primero se sirve del cristal y el joyero del diamante.

Intrigados, preguntaron los aspirantes:

- Pero ¿por qué hay aspirantes espirituales que van entonces al bisutero en lugar de acudir al joyero?

El sabio les miró con ojos comprensivos y explicó:

- Es muy sencillo, queridos míos. Las personas que no pueden pagar un diamante van al bisutero, pero las que pueden pagarlo van al joyero. Del mismo modo, el aspirante que no quiere pagar con su esfuerzo, motivación, entrenamiento y disciplina, acude al maestro falso, pero el que está dispuesto a pagar con todo ello se pone en manos del verdadero maestro. El maestro-bisutero te dará enseñanzas superficiales y distorsionadas; el maestro-joyero te procurará las auténticas enseñanzas.

REFLEXION:

Son muchas las personas que dicen estar interesadas en la búsqueda espiritual y la paz interior, pero son meras diletantes que no despliegan su esfuerzo para progresar interiormente ni se someten a la disciplina necesaria que requiere energía, paciencia, confianza en los propios recursos y en las enseñanzas y métodos. Solo así es posible ir eliminando los engaños y oscurecimientos de la mente y ganando una dimensión de consciencia más clara, despejada y despierta. Vivimos en una época donde proliferan en el supermercado espiritual toda clase de embaucadores, falsarios, desaprensivos que desvirtúan, aguan y desdibujan las verdaderas enseñanzas. Como dice Agustín Pániker (escritor y editor), caraduras en este ámbito los ha habido siempre, pero ahora más porque se mueven sumas fabulosas de dinero. El escenario del yoga no ha escapado a los maestros-bisuteros de todo tipo, ofreciendo pseudoyogas de todo orden, incluido el que se practica a más de cuarenta grados y que proponen como beneficioso, cuando, reconocido por médicos y toda clase de maestros serios, crea mas inconvenientes que beneficios y perjudica el corazón, el cerebro, los pulmones y el riego sanguíneo. No entraremos a juzgar las indecorosas conductas del señor Bikram (pueden verse en internet todas las acusaciones que tiene en los tribunales de justicia), que ya los jueces se encargarán de ello, pero es inadmisible que el yoga se convierta en una técnica para adelgazar o rendir culto al cuerpo y propicie la estampa del campeón. Se traiciona así la esencia de las técnicas orientales de autorrealización, debido a los maestros-bisutería; se degradan, para rentabilizarlas y mercantilizarlas, las verdaderas enseñanzas, que son patrimonio de la Humanidad. Una vez más surge la pregunta: ¿Por qué le llaman yoga o zen o vipassana o tantra, si no es yoga ni zen ni vipassana ni tantra?. Totalmente de acuerdo con mi buen amigo el editor y escritor Alvaro Enterría (que vive hace décadas en Benarés, donde tiene dos librerías de estos temas) cuando nos dice lo necesario que es desenmascarar las corrientes espirituales falsas que se amparan a la sombra de las auténticas. Y no se puede negar y hay que reconocerlo: fueron muchos (no todos, por fortuna) los maestros hindúes que llevaron el yoga y otras enseñanzas de la India a Estados Unidos, los grandes traidores al espíritu de las más elevadas místicas y psicologías de la India. ¿Por qué o para qué? Porque querían crear grandes imperios "espirituales" , para realzar su ego-rascacielos y conseguir pingües beneficios. Ojalá que cada día aumente más el número de aspirantes-joyería que exijan maestros-joyeros. No hay atajos para llegar al cielo y el gran místico Kabir les dijo a sus discípulos: "Miradme a . Soy un esclavo de mi propia intensidad". Intensidad en la práctica o sadhana, ahí está el secreto, ahí está el diamante.



(Ramiro Calle)
(Fuente: www.espaciohumano.com)

sábado, 23 de agosto de 2014

Una sociedad enferma

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A menudo, mi hermano Miguel Ángel, en nuestra tertulia humanista en radio, recordaba las palabras del gran filósofo Emerson que aseveraban que esta sociedad "confabula contra el individuo". Es una sociedad con enormes discapacidades de todo órden que, desde sus hipócritas y oscuros pliegues, apoyada por dirigentes ávidos, ofuscados, corruptos y egocéntricos, conspira sistemáticamente contra la persona y quiere estructurarla, etiquetarla, privarla de discernimiento y libertad, sumirla en una espesa y alienante burocracia, encadenarla a cínicos prejuicios y viejos patrones, someterla, amordazarla, alienarla y manipularla. Como señalara el psiquiatra y especialista en zen Hubert Benoit, en tanto la mente no se autorrealiza está enferma y mentes enfermas hacen una sociedad enferma, que se convierte en caldo de cultivo para "sepulcros blanqueados", politicastros y líderes que no miran por el bienestar colectivo, sino obsesivamente por el propio. El sano no es el que se adapta ciegamente. El sano es el que sabe discernir. En el discernimiento encontramos una herramienta muy poderosa para sustraernos a la narcosis colectiva y poder ser uno mismo en el "carnaval". "Tú eres tu propio refugio", insistió Buda. A través del discernimiento y estableciéndonos en nuestra verdadera naturaleza de ser, podremos tratar de no dejarnos arrastrar por la resaca de tantas mentiras, engaños y sucias artimañas utilizadas por una sociedad tan ciega dirigida por ciegos. ¡El discernimiento! La capacidad de distinguir entre la joyería y la bisutería. Apoyarse en uno mismo sin la necesidad compulsiva de perseguir líderes, ídolos, iconos y reflejos de la autenticidad, sin dejarnos capturar por las trampas de una sociedad en la que llega un momento en el que el normal es el anormal y el anormal es el normal. Si algo urge es que cada uno manifieste lo mejor de sí mismo y lo revierta sobre la sociedad, para que en ésta, de eriales y estercoleros, se  encuentre una veta de luz que poder seguir y expandir.



(Ramiro Calle)
(Fuente: Ramiro A. Calle FB)

viernes, 15 de agosto de 2014

En la casa de la nada - Ramiro Calle

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¿Quién no tiene problemas con su mente? Mientras no se deterioran, los órganos, las glándulas, los sistemas del organismo van a  nuestro favor, pero ¿y la mente? Muchas veces se comporta como si fuera nuestro peor enemigo. Por ello y desde muy antaño ha habido personas que han concebido y ensayado métodos para poder estabilizar, reorientar, sosegar y esclarecer la mente.  Mientras no se consigue, la mente no es de fiar, se extravía en sus interpretaciones y suposiciones, es, en palabras del gran místico Kabir, un fraude, una casa con un millón de puertas. A mis alumnos de meditación me gusta recordarles el adagio hindú que reza "El monarca que no controla su mente es un mendigo; el mendigo que controla su mente es un monarca". Y como todo lo experimentamos  y vivimos en el escenario de luces y sombras de la mente, es necesario, incluso urgente, empezar a reeducar la mente y conseguir que nos apoye en nuestra senda de la autorrealización. Una mente sana nos ayudará tanto a nosotros como a los demás. Una mente sana está más libre de ofuscación, avaricia y odio. Una mente sana es la que está liberada de lo que Buda denominaba "oscurecimientos" o velos. Si todo surge de la mente, es la mente la que hay que ordenar, equilibrar y sanear, además de liberarla de todos sus autoengaños y embustes. 

Hay una incomparablemente valiosa herencia en cuanto a instrucciones y métodos para poder desarrollar lo mejor del centro mental y acelerar así nuestro proceso de evolución consciente. Podemos adiestrarnos para poder captar lo que se esconde tras las apariencias. Un tipo diferente y mucho más revelador de percepción se manifiesta cuando la mente logra silenciarse y no somos víctimas de las interferencias de los pensamientos automáticos y que nos robotizan, nos desgastan y neurotizan. "Permanece quieto y sabe que yo soy Dios", dicen los Salmos. "Cuando inhibes los pensamientos, te estableces en tu naturaleza real", señala Patanjali. "Cuando cesan los pensamientos se revela la luz del ser", resaltan los sabios de la India. "Si dejo de ser esto o aquello y soy, la experiencia del ser se expande más allá del ego", enseñan los vedantines. Muchas técnicas del yoga tratan de conducir la mente al estado de silencio profundo, donde uno viaja a la raíz del pensamiento y se asocia con su propia fuente interior. Ese estado especial de mente es denominado unmani o no-mente o también Nirvana-kala o la Mansión del Vacío. Es el vacío de egocentrismo, tendencias perniciosas y subyacentes de la mente, codicia y miedo. Es un estado de no-saber que es el verdadero saber. Pero como el ego trata de afirmarse y es un tirano que no quiere perder su poder, se aferra a las apariencias y se aterra ante la experiencia del vacío. Y el vacío interior, que es plenitud, limpia, esclarece, otorga infinita paz. Es darse un baño del propio ser, en lugar de estar constantemente zarandeados por las olas del ego, el afán de posesividad, la actividad desmedida y la tendencia a externalizarse y el hacer compulsivo. Ese estado de no-pensamiento mecánico o vacío, nos permite experimentar energías muy finas o sutiles, reveladoras, que escapan al estado de mente ordinaria, poseído por las tendencias contrapuestas y los pares de opuestos (amargo-dulce, frío-calor, dentro-fuera, etcétera). En el vacío la mente se unifica y se funde con su fuente. Hay otro tipo de presencia interior. En suma y como apuntara San Juan de la Cruz, el gran experto occidental en las nadas que conducen a lo Absoluto: 

EN LA CASA DE LA NADA

NUNCA EL ALMA ESTA PENADA. 



(Ramiro Calle)
(Fuente: Ramiro A. Calle FB)

miércoles, 18 de junio de 2014

De corazón a corazón

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"Para las personas puras, las palabras son innecesarias, porque saben comunicarse de corazón a corazón."


(Ramiro Calle)
(Fuente: Yoga es Más FB)

miércoles, 11 de junio de 2014

Las dos sortijas - Ramiro Calle

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LAS DOS SORTIJAS

Un hombre que tenía dos hijos murió y, entre sus bienes, dejó dos sortijas. Una de ellas lucía un excepcional diamante en tanto que la otra era simplemente de plata. El hermano primogénito, nada más ver las sortijas, sentenció lleno de avaricia:

 - Como soy el hermano mayor, no hay duda de que la sortija con el diamante la ha dejado  nuestro padre para

El hermano menor dijo:

- De acuerdo, que sea para ti. Yo me quedo con la sortija de plata, no me importa. 

Cada hermano se colocó en un dedo la sortija y emprendieron su vida por separado. Unos días después, el hermano menor estaba jugueteando con su sortija y de repente al mirar en su interior pudo leer la siguiente inscripción: "Esto también cambiará".

- Bueno -se dijo- este debía ser el mantra de mi padre.

Pasó el tiempo y la vida seguía su curso para cada uno de los hermanos. Hubo buenos y malos tiempos, fortuna e infortunio, situaciones gratas e ingratas; circunstancias favorables y desfavorables. 

El hermano mayor ante las vicisitudes de la vida comenzó a desequilibrarse. Se exaltaba en demasía con las situaciones favorables y se hundía con las desfavorables. Todo le alteraba y empezó a tener enfermedades, a tomar pastillas para combatir el insomnio, a visitar psiquiatras y envejecer prematuramente. ¿De qué le servía ese fabuloso diamante y haber podido amasar una colosal fortuna con lo que le habían dado por él?

También el hermano menor tenía que afrontar las inevitables vicisitudes de la vida y vivir los buenos y los malos momentos, las circunstancias favorables y las desfavorables, pero nunca dejó de tener presente la inscripción de la sortija: "Esto también cambiará",  y, de ese modo, era capaz de mantener una actitud de firmeza y ecuanimidad, de ánimo constante, sin dejarse llevar por estados de exaltación ni de depresión. Se sentía bien, sano y joven, armónico y satisfecho. ¡Qué extraordinaria herencia le había dejado su padre!.

REFLEXION:

Reza el antiguo adagio: "Todo fluye, nada permanece". La misma palabra vicisitud es muy significativa, porque quiere decir alternancia. Como la vida es dinámica y no estática, todo está sometido al cambio. Es inevitable, es un hecho incontrovertible se acepte o no.

Todo surge y todo se desvanece; lo que nace tiende a morir; porque hay encuentro hay separación. Es la insoslayable ley de las dualidades.

Tenemos que desarrollar ecuanimidad y aceptación consciente ante los hechos incontrovertibles. Así, por lo menos, no añadiremos sufrimiento al sufrimiento y podremos mantener un ánimo más estable y firme, más constante y aguerrido, y seguir en el incesante aprendizaje de la vida. Mi querido y admirado amigo el monje budista Piyadassi Thera decía: "La persona que cultiva la serenidad mental raramente se desconcierta al enfrentarse a las vicisitudes de la vida. Intenta ver las cosas en su propia perspectiva, cómo nacen y se desvanecen". En un texto de incomparable valor llamado Yoga Vasishtha, se nos dice que es un yogui el que sabe mirar desde la ecuanimidad el transcurso de los acontecimientos.

Incorporemos, como mantra, la enseñanza: "Esto también cambiará". Así sabremos tomar y soltar, desde la armonía de la mente. Por mucho que algo nos empeñemos en agarrarlo, habrá que soltar. La mano cerrada en un puño, nada tiene; la mano abierta acoge al universo entero en sí misma.



(Fuente: Ramiro A. Calle FB / www.espaciohumano.com)

Satyameva Jayate. Namaste. 'Bienvenido' 'aventurero de la vida'. ¿Ya 'te alimentas' bien?

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